miércoles, 1 de mayo de 2013

Concurso #YoAmoLeer

@kareliszamper
porque es un pacto de libertad irrepetible, donde uno ofrece sus palabras para que el otro pueda soñar.

Tweet Ganador del Concurso #YoAmoLeer de @LibroElNacional

lunes, 15 de abril de 2013

Analepsis. 14 de Abril de 2013 por Karen Zambrano

Analepsis 1: Despierto, tomo el control y enciendo la Tele, recorro los canales; VTV y TVes, los del Estado, tienen algo en común: un cintillo rojo en el que se lee #ChavezTeLoJuro. ¿Es cierto? Me froto los ojos y sigue allí. Llamo al 0800Votemos: Hago la denuncia. A los tres funcionarios les hace gracia, ríen a carcajadas. Eso es lo que hay.


Analepsis 2: El proselitismo es un hecho. El punto rojo está a 7 metros de la entrada de mi centro electoral. Me dirijo a votar sin arriesgarme a la indiferencia o burla de los militares. La gente en las colas luce esperanzada, nadie tiene pinta de burgués. Recuerdo las palabras sensatas del flaco, mientras le observo en el margen inferior izquierdo del tarjetón. Venezuela, Hay un camino.




Analepsis 3: La escuelita donde estudié primaria tiene más electores que mi centro. Estamos comprometidos; mientras espero la verificación, recorro espacios pequeños que alguna vez me parecieron grandes. El triángulo y la casita de la virgen. El cubo de concreto donde jugábamos tiburón. La cancha. El final del pasillo donde sentadas al borde esperábamos un empujón. El kiosco de la cantina no está. Hay monte y basura. Abrazo a mi maestra de 4to. Oramos junto a los bebederos. El chico del marcador anota: Capriles, Capriles, Capriles... Ahí están los votos de mi madre y mis abuelos. Son las 10:30 pm, regresamos a casa con el último voto escrutado.



Analepsis 4: Tibisay tiene los mismos ojos malignos. El sistema automatizado, transparente y perfecto tardó muchas horas en arrojar un resultado irreversible. El tuerto es el rey. Yo no me rindo.


lunes, 8 de abril de 2013

Concurso de Microrrelatos #20añosde Casa de América por Karen Zambrano


1. Después de un ciclón de buenas voluntades reapareció Macondo. (*)


2. Informe de Autopsia. Brazo cansado y alma inquieta. El esqueleto expuesto esparció por el aire esporas de libertad.

3. Los perros ganosos de la ciudad no se hartaban. Con el cuerpo cubierto y la sonrisa desnuda abandonó la casa verde.


(*) Finalista y Ganador.

http://www.casamerica.es/?q=literatura/todos-los-microrrelatos-de-20anosde-casamerica




miércoles, 6 de marzo de 2013

MICRONOPIOS Tres autores en breve

Siento una inmensa alegría al compartir con ustedes nuestra ópera prima, un libro dedicado a la literatura brevísima, con prólogo de Carolina Espada. Escrito por Susana González Rico, Daniel Centeno y esta servidora, Karen Zambrano.

Disponible en https://www.createspace.com/4125958



Y en Amazon Kindle:
http://www.amazon.com/dp/B00BQDO5LA

Contacto:
Micronopios@gmail.com
Twitter e Instagram: @micronopios
Facebook: http://www.facebook.com/Micronopios?ref=ts&fref=ts


Susana González en la presentación de nuestro libro Micronopios a los medios en Circuito Onda, con Elba Escobar.

La Escritora y Docente Naida Saavedra (PhD) en su charla sobre microliteratura, Universidad Estatal de Florida #FSU Tallahassee Florida, hablando sobre Micronopios. 

https://www.youtube.com/watch?v=m5avTh67jzo

sábado, 2 de marzo de 2013

Concurso Mensajes de Amor

El destacado jurado conformado por: Gabriela Rosas (Poeta); Jesús Nieves Montero (escritor) y Magaly Salazar Sanabria (Directora de Relaciones Institucionales del Círculo de Escritores de Venezuela).

Aquí les dejo mi  Ganadora del Premio Especial para la Mejor Carta de Amor enviada desde el Interior del País "Flaco"

Flaco:


Es tan patético lo que voy a escribir: tengo dos horas sin verte y ya te extraño. Me declaro víctima irremediable e impotente de este apego, de la obsesión sin medida y de la desesperación de nuestra ruptura. Pero sí chico, tú, eres peor que las drogas.

Quince años tirados a la basura.

Maldigo el día en que te conocí. Fue en la universidad, frecuentabas mi círculo de amigos y yo, la gorda, entre tímida y acomplejada feliz, la que mendiga cariño y busca aceptación, puse mis ojos en ti, tan sencillo y menudito, tan simpático y accesible, tan blanquito y tan flaquito vale. Por ti me hice valiente, le dije a mi mejor amiga: Anita, píchame al flaco. Ana me lo advirtió: Ustedes, no hacen pareja gorda, te va a joder, pero bueno allá tú. No pasaron cinco minutos, cuando regaladísimo, ya me estampabas el primer beso. El susto inicial de aquel piquito ardiente bastó para hacerme rodar febril e inocentemente enamorada. Hasta rebajé unos kilos solo por ti (y que nadie dijera allá-va-un-diez), aunque para ser objetivos ya no me provocaba comer, tú me llenabas y me enloquecías, mucho más que la Nutella. No era lo chiquito y flaco para lo fogoso y sexy. No te pelabas una rumba con tus amigos borrachos y las malas juntas, yo no tenía tanta libertad. Comenzamos a escondidas, mis padres no te iban a querer, no con tu picardía, tus malas mañas, tus escasos modales y tu perfume barato. Pero quien más podría pasar la noche entera sin soltarme la mano mientras yo comía libros y quedarse después de la pasión mimándome y dándome más calor.  Los otros, simplemente se daban la vuelta o se iban.  Primero muerta que dejarte, tú sí me querías flaco, con celulitis, revolveras y hasta con mi mal aliento matutino. Por eso mis padres y todos los demás tuvieron que soportar a esta pareja dispareja por tanto tiempo.

Paulatinamente la pasión juvenil se convirtió en una rutina compulsiva y asfixiante. Te volviste celoso y posesivo, tu maltrato se hizo evidente, tortura y tormento de mis mejores años. Todos lo notaban, pero yo ahí, firme, más terca que gorda. Tus males se acaban cuando dejes al flaco, te absorbe, te enferma, te quita el dinero y también la paz, me decían.  Yo te seguía adorando, me proyectaba en ti, no funcionaba sin ti, no respiraba sin ti. Despertaba contigo, tomábamos el café y hasta descuidé el trabajo, al escaparme entre cliente y cliente para un rapidín contigo flaco, como si ignorara que en la noche el fuego se encendería en la cama, una y otra vez. Trío con la botella de turno y aquella habitación cada vez más desordenada. Varias veces te pillé mordiendo otros labios, unos muy jóvenes, otros algo vejestorios. Confieso que el miedo se salió por mis cuernos cuando te vi con esa flaca huesuda y ojerosa del hospital, seguramente la conquistaste sin gran esfuerzo y aunque no tenía ni media curva, también cayó redonda la condenada. Más veneno que antídoto para mis angustias y siempre te perdoné, porque a nadie le urgías tanto como a mí.

Pero este mal no será el único que dure más de un siglo. La gota que derramó el vaso cayó justamente en víspera de Navidad cuando sin un ápice de culpa, cínicamente y como pago a mi excesiva fidelidad, arruinaste todo después de la cena. Solamente así, con mi corazón deshecho masivamente y un dolor tan intenso que me impedía respirar, consideré nuestra separación. Falté treinta y un veces a mi promesa de fin de año: alejarme de ti. Es primero de febrero y la despedida ahora sí es definitiva. Te dejé ir, o mejor dicho, te eché (no sin antes romperte la madre) al pipote. Ése es tu lugar porquería. El infarto, será lo último que te aguante flaco, porque aunque me esté muriendo de ganas, desde hoy no fumo más.


sábado, 23 de febrero de 2013

Concurso Cartas de Amor 2013 (Mont Blanc)

Les dejo el link de la carta que postulé este año y que figura entre las 40 preseleccionadas...

http://www.concursocartasdeamor.com/romantica/2013/sala-de-agudos/#seccion

Sala de Agudos

Querido Ramón:
Encerrada en un pequeño cubículo me dispongo a escribirte una carta porque si este inofensivo lapicero cayera en las manos del paciente equivocado, alguien podría terminar en la “emergencia cuerda” con un ojo vaciado o una traqueotomía innecesaria. Me desconsuela pensar que apenas comienzo el octavo semestre y que para ti, mis historias de estudiante perturbada sean una etapa hace mucho tiempo superada. Lucía, la jefa de enfermeras, no me permite llevar el estetoscopio colgado del cuello temiendo que tras el menor descuido, me convierta en la primera bachiller estrangulada de la sala. Ni hablar de los celulares, nada que suene, vibre o emita luz es bienvenido aquí, así que recurro a esta forma obsoleta y aprovechando que los récipes ya están habituados a los garabatos, para decirte cuánto te extraño, Ramón. Tú tan serio, tan resoluto, con tu devoción y encanto de impecable galeno, obligas a que mi amor vaya in crescendo hasta rebasarme y abandonarme, dependiente e insensata cual serpiente enrollada a la vara de Esculapio. Tuve que esconder los bombones que me regalaste el catorce. Ya sabes que el azúcar altera terriblemente la personalidad y no quisiera desatar un episodio psicótico en cadena por causa de un inocente chocolatín. Pues sí, Ramón, no soy tan orgullosa y recogí la caja de la basura después de echarte de mi casa tan desbaratado como la docena de rosas. Perdóname cariño, tu condenada ética otra vez logró sacarme de quicio, tú tan profesional y yo tan incomprensiva que aún sigo molesta porque fuiste incapaz de cambiar la guardia y preferiste ir a dejar el pellejo al hospital a quedarte conmigo, y disfrutar la velada romántica que preparé para el día de los enamorados. Si te he dicho que a menudo me siento desamparada y culpable, me temo que este lugar no mejorará en nada mi situación. Es otro planeta. No puedes mirar a nadie directamente a los ojos y el ambiente pasa de taciturno a monstruoso en un santiamén. Los seres idos visten batas traslúcidas y no llevan ropa interior, qué siniestro… y qué desafortunados son. Un hombre de rodillas asiente con la cabeza mientras su alucinación le profiere mandatos diabólicos, un alcohólico con delírium trémens grita en falsete y una señora obesa se ríe eufórica y estrepitosamente. Con tanto ruido apenas puedo oír las indicaciones del interno.Pero nada tan triste, amor mío, como la chica que ingresó ayer. Su mirada resignada perdió todo brillo bajo el efecto de los neurolépticos. Es una joven hermosa y espigada que lleva el brazo inmovilizado con un cabestrillo y éste a su vez se encuentra atado firmemente a la espalda.  La extremidad no la obedece y si lograra zafarse se iría por encima de su cabeza y la golpearía hasta dejarla sin sentido. Según reporta un familiar, el síndrome de la mano extraña se manifestó cuando ella se sacó del anular un precioso solitario que su novio arrepentido le pidió de vuelta. Mira en lo que puede terminar una pasión mal llevada. No como el sentimiento que tú y yo compartimos, que resiste noblemente, sosegado e invariable. Ya sé, el mérito es todo tuyo pues con inteligencia y buen juicio sabes mantener en calma mi naturaleza un poco histérica y demandante. En los cuatro años que tengo estudiando medicina, ningún caso me había consternado tanto. Siempre logré abstraerme de las tragedias ajenas, pero aquí, en la emergencia psiquiátrica, me puse a llorar como quien no quiere consuelo, con rabia e impotencia y es que no puedo entender cómo un súbito desequilibrio químico le arrancó de cuajo la razón a esa muchacha, tan absurda y caprichosamente.Pasé muy mala noche, amanecí con la cara apretada y pegajosa producto de una pesadilla que no puedo recordar; mi fealdad se ha hecho totalmente inmune al maquillaje, por eso te pido un poco de paciencia. De algo estoy segura, la especialidad en psiquiatría queda absolutamente descartada. Si reúnes valor para lidiar con dementes, allá tú. El cansancio me vence, ansío tanto tus besos y arrumacos de amoroso caballero como un sueño profundo y reparador. Me robaré un par de pastillas cuando Lucía se distraiga. No es la primera vez que lo hago, creo que los verdaderos milagros existen (bien encapsulados) gracias a la industria farmacéutica. Te prometo que el próximo domingo estaré perfecta y radiante sólo para ir a tu encuentro, oliendo a Coco Mademoiselle y usando el vestido primaveral que tanto te gusta. Me despido, Ramón, porque notarán mi ausencia en la revista matutina. Antes, entraré un momento al baño para devorar el clandestino bombón que conservo oculto en el retrete, un diminuto bocado que me recuerda el delicioso sabor de nuestro idilio. ¡Ah! y no creas que la pésima caligrafía hace parte de mis precoces ínfulas de médico pero forzosamente tengo que escribir con la zurda hasta que me quiten el cabestrillo.
María A.