martes, 4 de marzo de 2014

Acerca de Nuestro Reencuentro en Tiempos de Guarimba...

Siempre pensé que cualquier sitio y momento eran buenos para escribir, la calle estaba cerrada y habíamos llevado bastante sol en la protesta, a mis treinta y dele no está fácil pegar carreras cada vez que viene la Guardia Nacional. 

Bajo el árbol de la esquina, un banquito de concreto se reía conmigo así que decidí sentarme un rato para agarrar fuerzas. Siempre llevo una agenda de cuero, una pluma y la mente abierta para documentar lo que esté pasando; abrí mi bolso y me disponía a escribir sobre la injusticia en Venezuela, pero dentro, solo encontré una libreta de resorte Jean Book y un lápiz Mongol… Leí la etiqueta y reconocí mi propia caligrafía algo menos estilizada… Karen Zambrano, Matemáticas, 9no"C", U.E. "Alirio Ugarte Pelayo"… 

Levanté la mirada y frente a mí ya no estaba la alcantarilla levantada ni olía a caucho quemado, había una cancha llena de jovencitos en camisa azul y un sonido de chicharras que se opacaba con las risas de todos… Debo estar soñando… Me miro a mi misma y ni siquiera tengo tetas bajo la chemise; el banco tiene una grieta y al lado en marcador grueso están escritos una docena de nombres: La Crema del AUP. 

Una voz interrumpió mi estado de total perplejidad… era Alexandra: ¡Epa chama! ¿vas a jugar? Y como no pude pronunciar ni media palabra, Lorena contestó por mí: ¡Deja quieta a la cerebrito... que está estudiando! La pelota de voleibol comenzó a volar por el aire antes de que pudiera pestañear. Mis amigas formaban una rueda en media cancha, Audrey y Gladys tenían el cabello rizado natural con copetes envidiables, que suerte... las de pelo liso estábamos tan fuera de moda. Carmen, siempre tan bonita... por algo era la novia del liceo, se hacía el tubito en el jean bastante por encima de sus botines EvanSport. Sula, estaba tramando algo y llevaba escondida una bolsa con un pajarito muerto. Mariángel no quiso jugar, siempre fue muy popular y andaba con Johnnael, agarrados de la mano, comprando chupetas a que pocopelo.

Detrás estaban las aulas de nuestro querido gallinero, salones modestos y oscuros con techos que filtraban cada vez que llovía, pupitres destartalados tatuados de corazones con las iniciales del primer amor y la mirada inquisitiva de los profesores, que nos esperaban después del receso, para imprimir en nosotros lecciones impecables y formarnos con honestidad y amor. 

En la otra mitad de cancha, estaban los muchachos jugando una caimanera, el flaquito del mechón sexy era el mejor: Víctor… parecía tímido pero tenía las hormonas demasiado alborotadas. Roberto tenía las piernas arqueadas y se le hacía fácil pasar la pelota de básquet entre ellas, nuestro patuleco era el mayor de todos. Y allá estaba Marco José, mi dolorcito de cabeza, siempre me jodía de algún modo pero yo lo quería tanto que le hacía la tarea; por estar de payaso le dieron un empujón y antes de que se pusiera a llorar, Juan Carlos salió en su defensa... nuestro eterno rompegrupo transformó la paz en caos y la gente se amontonaba para ver la pelea, pero un sonido ensordecedor se apoderó del ambiente… ¡TIMBREEE! así que la pelea quedaría para después con un amenazante "Nos vemos a la salida"…

Yo seguí inmóvil pensando que cualquier sitio y momento eran buenos para escribir pero también para soñar. Una detonación me hizo cerrar los ojos y alguien me arrancó de cuajo del banco… ¡Corre, que vienen los Tupamaros!… y atrás quedó mi sueño anclado en un cuaderno cuadriculado… teníamos que seguir luchando, para que las futuras generaciones pudieran reencontrarse, así como lo hicimos nosotros, y hablaran de sus recuerdos pero en una patria grande y llena de oportunidades...




Retornando a la Goma. Concurso Cartas de Amor Mont Blanc 2014.

Barquisimeto, 1 de enero de 2014.

Carlos:

Tú siempre tan oportuno. Faltaban cinco pa´ las doce cuando enviaste esa bendita invitación por WhatsApp…  Así que medio atorados con las uvas y venciendo un poco la alergia al pasado, fuimos entrando al chat, todos los que hace veinte años nos conocimos en la Universidad e hicimos parte de una camarilla de amigos que más allá de éxitos académicos compartimos sin reserva todas las torpezas de nuestra juventud: La Goma.
Ese nombrecito…  La Goma. Una oda a la flojera, a nuestra desazón de adolescentes y a esas ganas imperiosas de escapar del maldito cálculo; un idilio con el ocio, resumido en el lapso de tiempo libre después de almorzar en comedor. Dos horas para hablar tonterías, jugar cartas, coquetear y caernos a naranjazos, tirados en el suelo del pasillo de Ingeniería Química.
Carlos, te vas a casar y quieres reunirnos de nuevo en tu boda. Tú, nuestro querido “Spike”, el del diente “Quita y Pon”, el de los inalcanzables limones de Ana María, el temerario que nos metía a hurtadillas en su residencia estudiantil para pasar la borrachera, te lanzas al agua, por fin…
Rostros extraviados en la memoria fueron emergiendo en el teléfono, unos más gordos, otros más arrugados, alguna que otra cana pegada a las sienes y varias cabecitas asomadas de los niños de la nueva generación. Las franelas teñidas al estilo psicodélico desaparecieron y dieron paso a elegantes trajes con corbata. ¡Feliz año a todos! ¿Qué es de tu vida Ramón? ¿Cuántos hijos tienes ya Madi? ¡Alguien que pase el número de Willy! ¿Quiénes pueden ir a la boda? ¡Confirmen los que puedan!
“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”…  De aquellos días de los tempranos noventa parece no quedar nada. Ya no podremos ir a la playa a pernoctar durante una semana con tan solo cincuenta bolívares, cambiar de novio como cambiar de pantaletas, mezclar el aguardiente con chimó y morirnos de los excesos sin que nos lleven a emergencias.  Ahora resulta que estamos muy preocupados por nuestros cupos verdes, el colegio de los muchachos, el trabajo, la estanflación, la escasez y la inseguridad. Tirapiedras de otrora que ya toman pastillas para la hipertensión.
Carlos, tú siempre tan oportuno, con la invitación llegaron los recuerdos y con mi respuesta te doy las gracias… para mí sigues siendo el amigo que enjugaba mis lágrimas en un pañuelo con vinagre y me decía que lloraba bonito, el consentidor de las panquecas con besitos robados en la litera, el que me cargaba los libros cuando íbamos a jugar pool a “Los Horcones” y me daba la pata-gallina para saltar la pared, mi alcahueta de travesuras y el que logró la cuadratura de mi Volkswagen Escarabajo. Socios al comprar la botella de anís y hermanos en la vomitada.
Por supuesto que voy a tu boda. Veinte años más vieja pero con la misma ilusión de la carajita que iba a la discoteca con la cédula falsa para encontrarse con sus amigos. Espero que cuando digas: ¡Sí, acepto! el diente permanezca en su lugar, y si se te cae, no te preocupes, cualquier gomero estará pululando por ahí para recogerlo y cagarse de la risa.

Karen.

http://concursocartasdeamor.com/retornando-a-la-goma/